viernes, 24 de diciembre de 2010

Navidad en Ganímedes

Hola, con motivo de que dentro de 3 horas es navidad, quiero compartir con ustedes este cuento de Isaac Asimov sobre la Navidad.

Olaf Johnson canturreaba entre dientes mientras sus ojos azules observaban soñadores el impresionante abeto situado en un rincón de la biblioteca. Aunque ésta era la estancia más amplia de la Base, a Olaf no le parecía demasiado espaciosa en aquella ocasión. Se inclinó con entusiasmo sobre la enorme canasta que tenía a su lado y extrajo el primer rollo de papel verde y rojo.

No se detuvo a reflexionar sobre el repentino impulso sentimental que se había apoderado de la Productos Ganimedinos, S. A., para enviar a la Base una colección completa de adornos navideños. Olaf se hallaba bien preparado para desempeñar el trabajo que se había impuesto como decorador en jefe de los temas navideños; este cargo le colmaba de satisfacción.

De repente frunció el entrecejo y masculló una maldición. La lámpara que convocaba Asamblea General empezó a lanzar destellos histéricamente. Con expresión contrariada dejó a un lado el martillo, que ya había levantado, así como el rollo de papel; se arrancó unas cuantas lentejuelas del cabello y se dirigió al departamento de los oficiales.

El comandante Scott Pelham estaba arrellanado en el sillón presidencial cuando entró Olaf. Sus dedos rechonchos tamborileaban sin ritmo sobre el cristal que cubría la parte superior de la mesa. Olaf sostuvo sin temor la mirada colérica del comandante, ya que en su departamento no había ocurrido ninguna anomalía en veinte circunvoluciones ganimedinas.

Un grupo de hombres llenó con presteza el aposento y la mirada de Pelham se endureció mientras los contaba uno a uno inquisitivamente.

-Ya estamos todos aquí -exclamó-. ¡Muchachos! Nos enfrentamos con una crisis.

Se percibió un vago movimiento. Los ojos de Olaf miraron al techo y se sintió aliviado. Por término medio, en cada circunvolución completa se originaba una crisis en la Base. Generalmente surgía al producirse un alza repentina en el cupo de oxita, o bien cuando era inferior la calidad del último lote de hojas de karen. Sin embargo, las palabras siguientes le dejaron sin aliento.

-En relación con la crisis tengo que hacer una pregunta.

La voz de Pelham tenia un profundo timbre de barítono, salpicado de estridencias, cuando estaba colérico.

-¿Qué cochino y estúpido perturbador ha contado historias de hadas a esos revoltosos astruces?


Olaf carraspeó nervioso, con lo que se convirtió en el centro de la atención general. Le oscilaba la nuez presa de repentina alarma, se le arrugó la frente como cartón mojado; temblaba.


-Yo… yo… -tartamudeó. Hubo un momentáneo silencio. Sus largos dedos hacían desatinados ademanes suplicantes-. Sí… quiero decir que estuve allí después que las últimas entregas de hojas de karen…, ya que los astruces se movían con lentitud y…


La voz de Pelham adquirió un tono de falsa dulzura. Sonrió.


-¿Les habló a los nativos de Santa Claus, Olaf?


La sonrisa parecía insólita al igual que la mirada lobuna que lanzaba de reojo y Olaf quedó anonadado. Asintió convulsivamente.


-Oh, ¿si? ¿Habló con ellos? Vaya, vaya, les habló de San Nicolás. Viene en un trineo volando por los aires con un tiro de ocho renos, ¿eh?


-Sí, en efecto. ¿No es verdad? -inquirió inadecuadamente Olaf.


-Y dibujó los renos para demostrar que no se trataba de un error. Y que él tiene una gran barba blanca y sus ropas son encarnadas con cenefas albinas.


-Si, señor, tiene razón -contestó Olaf estupefacto.


-Y lleva un gran saco atestado de regalos para los niños buenos, los deja caer por la chimenea y los pone dentro de los calcetines y medias.


-Exacto.


-También les dijo que está a punto de llegar. Una circunvalación más y vendrá a visitarnos.


Olaf sonrió débilmente.


-Si, mi comandante. Quería decírselo; estoy montando el árbol y…


-¡Cállese! -el comandante respiraba agitado y sibilante-, ¿sabe lo que se han imaginado esos astruces?


-No, mi comandante.


Pelham inclinó el torso sobre la mesa en .dirección a Olaf y gritó:


-Quieren que Santa Claus los visite.


Se oyeron algunas risas que al punto se convirtieron en toses ahogadas ante la encolerizada mirada del comandante.


-Y si Santa Claus no los visita dejarán de trabajar -repitió-. Se producirá una huelga.


Después de estas palabras ya no se oyeron risas, ni toses contenidas, ni nada por el estilo. Si había cruzado otro pensamiento por las mentes del grupo, éste no llegó a manifestarse. Olaf expresó la idea que estaba en el ánimo de todos:


-¿Y cómo va la cuota?


-¿Que cómo va la cuota? -gruñó Pelham-. ¿Tengo que dibujarles un gráfico? Productos ganimedinos tiene que obtener cien toneladas de wolframita, ochenta toneladas de hojas de karen y cincuenta toneladas de oxita por año, o de lo contrario perderá la concesión. Supongo que ninguno de ustedes lo ignora. Se da la circunstancia que al año terminará dentro de dos circunvoluciones ganimedinas y la producción sufre un déficit del cinco por ciento con arreglo al plan establecido.


Se produjo un silencio sepulcral. Pelham prosiguió:


-Y los nativos no trabajarán si no viene Santa Claus. No habrá trabajo, ni cuota, ni concesión, ni empleos. Cuando la Compañía pierda sus derechos, perderemos los empleos mejor pagados de la organización. Adiós, muchachos…, buena suerte… amenos…


Hizo una pausa y mirando fijamente a Olaf añadió:


-A menos que antes de terminar la próxima circunvolución tengamos un trineo volador, ocho renos y un Santa Claus. y por las manchas cósmicas de los anillos de Saturno, lo conseguiremos; especialmente un Santa Claus.


Diez rostros palidecieron mortalmente.


-¿Tiene algún plan, mi comandante? -graznó alguien con voz trémula.


-Sí, desde luego que lo tengo. -Estiró las piernas y se recostó en el sillón.


Un repentino sudor frío se apoderó de Olaf Johnson al notar, cual dedo acusador, las miradas fijas de todos los presentes.


-Cuanto lo siento, mi comandante -murmuró con voz ahogada.


Pero el dedo acusador permanecía inmóvil.


Pelham penetró con paso firme en la antesala. Se despojó de la careta de oxígeno y de los fríos cilindros conectados a ella. Arrojó a un lado, una tras otra, gruesas prendas de lana y, al fin, con un suspiro de preocupación, se quitó a tirones un par de botas espaciales que le llegaban hasta las rodillas.


Sim Pierce interrumpió el cuidadoso examen de la última partida de hojas de karen y lanzó desde detrás de sus lentes una mirada esperanzadora.


-¿Qué hay? -preguntó.


Pelham se encogió de hombros.


-Les prometí la visita de Santa Claus. ¿Qué podía hacer? También les he doblado la ración de azúcar y de momento están trabajando.


Pierce agitó una enorme hoja de karen con cierto énfasis, mientras decía: -¿Quiere decir hasta el día en que deba aparecer el prometido San Nicolás? En mi vida he oído cosa más tonta. No se podrá llevar a cabo. No habrá Santa Claus.


-Diga eso a los astruces -Pelham se hundió en una butaca y sus rasgos adquirieron una expresión pétrea-. ¿Qué hace Benson?


-¿Cree que podrá equipar ese dichoso trineo? -Pierce examinó una hoja al trasluz con aire crítico-. Mi opinión es que está chiflado. El viejo aguilucho ha descendido al sótano esta mañana y desde entonces está allí. Lo único que sé es que ha desmontado el disociador eléctrico. Si sucede algo anormal, nos quedaremos sin oxígeno.


-Bien. -Pelham se incorporó con dificultad-. Por mi parte ojalá nos asfixiemos. Seria la manera más fácil de salir de este atolladero. Me voy abajo.


Salió presuroso y cerró la puerta de golpe.


En el sótano miró a su alrededor aturdido. Diseminadas por todos los sitios brillaban numerosas piezas de acero cromado. Pasó un buen rato tratando de reconocer las partes que el día anterior constituían una compacta maquinaria, un electro-disociador perfectamente montado. En el centro, en contraste anacrónico, había un polvoriento trineo de madera, con las palas encarnadas y deslucidas; Se oían martillazos procedentes de su interior.


-¡Eh, Benson! -gritó Pelham.


Un rostro tiznado y sudoroso se asomó bajo el trineo y un chorro de tabaco salió disparado hacia la inseparable escupidera del ingeniero.


-¿Cómo grita de esta manera? -se quejó Benson-. Estoy haciendo un trabajo delicado.


-¿Qué diablos es éste fantástico artificio?


-Un trineo volante. Una idea mía -el fuego del entusiasmo brilló en los húmedos ojos de Benson y mientras hablaba le surgía por la comisura de los labios la espuma del tabaco-. El trineo lo trajeron aquí en los viejos tiempos, cuando se creía que Ganímedes estaba cubierto de nieve como otros satélites de Júpiter. Todo cuánto tengo que hacer es adaptar en el fondo unos cuantos gravo-repulsores del disociador, con lo cual el trineo se hará antigravitatorio al conectar la corriente. Los compresores harán el resto.


El comandante se mordió el labio inferior dubitativo.


-¿Y funcionará?


-Por supuesto. Mucha gente ha pensado aplicar los repulsores a los viajes aéreos, pero resultan ineficaces en los campos de gran gravitación. En Ganímedes, con un tercio de gravitación y una presión atmosférica muy leve, un chiquillo podría manejarlo, incluso Johnson, aunque no lamentaría si cayera y se rompiera su maldito cuello.


-Muy bien, mire. Tenemos grandes cantidades de esa madera purpúrea aborigen. Póngase en contacto con Fim y dígale que coloque el trineo en una plataforma construida con este material. Tiene que medir unos seis metros de largo con una baranda alrededor de la parte que sobresalga.


Benson escupió y frunció el ceño bajo los espesos cabellos que le llegaban hasta los ojos.


-¿Cuál es su idea, comandante? -inquirió.


Inmediatamente se dejaron oír las risotadas de Pelham como ásperos ladridos.


-Esos astruces esperan ver los renos y los verán. Estos animales tendrán que ir montados en algo, ¿no es eso?


-Cierto… pero en Ganímedes no hay renos.


El comandante Pelham, que ya se marchaba, se detuvo un momento. Contrajo los párpados con desagrado como hacía siempre que pensaba en Olaf Johnson.


-Olaf ha salido a cazar ocho zambúes. Tienen cuatro patas, cabeza en un extremo y cola en el otro. Esto es suficiente para los astruces.


El viejo ingeniero rumió este informe y rió entre dientes de mala gana.


-Bien, me agrada la tonta distracción de su trabajo.


-A mí también -gritó Pelham.


Se alejó majestuosamente mientras Benson, mirándolo de reojo, desaparecía bajo el trineo.


La descripción que había hecho el comandante de un zambú era concisa y exacta, pero omitió detalles interesantes. Por una parte, el zambú tiene una cola larga, un hocico flexible, dos orejas que ondean elegantemente de atrás hacia adelante. Tiene dos ojos purpúreos y emotivos. Los machos están dotados de espinas de color carmesí, plegables a voluntad, que se extienden a lo largo de la columna vertebral y al parecer este ornamento es muy apreciado por las hembras de esta especie. Todo esto, combinado con una cola cubierta de escamas y un cerebro nada mediocre tendrán ustedes un zambú, o al menos lo tienen si logran capturarlo.


Precisamente, éste era el pensamiento que se le ocurrió a Olaf Johnson, al descender con cautela por una eminencia rocosa aproximándose a un rebaño de veinticinco zambúes que pastaban entre los desperdigados matorrales de una zona arenosa. Los ejemplares más próximos observaban cómo se acercaba Olaf, quien ofrecía un grotesco aspecto enfundado en pieles y con la careta de oxígeno conectada a la nariz. Como sea que los zambúes carecen de enemigos naturales se contentaban con mirar aquella extraña figura con ojos lánguidos y reprobatorios y volvieron a ronzar su provechosa pitanza.


Las nociones de Olaf respecto a la caza mayor eran incompletas. Rebuscó en los bolsillos un terrón de azúcar y cortándolo exclamó:


-Pss… Pss… michito…, pss… pss… michito…


Las orejas del zambú más próximo se crisparon con desagrado. Olaf se acercó más con el terrón de azúcar en alto:


-Ven aquí, currito, ven aquí…


El zambú vio la golosina y puso los ojos en blanco.


Movió el hocico arrojando el último bocado de vegetación y avanzó olfateando con el cuello estirado. Después golpeó la palma extendida con un rápido y experto movimiento, llevándose el terrón a la boca. La otra mano de Olaf bajó rápida, pero se encontró con el vacío.


Con expresión desengañada sacó otra pieza del bolsillo:


-Ven aquí, príncipe. Acércate, Fido…


El zambú emitió un gruñido tremolante en las profundidades de su garganta. Era una manifestación placentera. Evidentemente aquel extraño monstruo que tenía ante él, después de haberse vuelto loco, se proponía alimentarlo para siempre con aquellos bocados concentrados y suculentos. Se lo arrebató de nuevo y retrocedió con la misma rapidez que la vez anterior. Pero en esta ocasión Olaf lo sujetaba con firmeza, pero el zambú también le había cazado medio dedo.


El alarido que dio Olaf denotaba que éste carecía en cierto modo de la impasibilidad necesaria requerida en tales circunstancias. Sin embargo, un mordisco que hace daño a través de espesos guantes, por supuesto, no deja de ser un mordisco.


Se abalanzó osadamente sobre el animal. Había ciertas cosas que alteraban la sangre de Johnson y el antiguo espíritu de los vikingos resurgía en él. Precisamente una de estas cosas era el que alguien o algo le mordiera un dedo, y mucho más si este alguien o algo era un ser extraterrestre.


Los ojos del zambú observaban indecisos mientras retrocedía. Ya no le ofrecían más terrones blancos y no sabía con seguridad lo que sucedería a continuación. La incertidumbre se desvaneció con rapidez inesperada cuando dos manos enguantadas se apoderaron de sus orejas y empezaron a zarandearlas. Lanzó un agudo gañido y arremetió brioso.


Los zambúes están dotados de cierta dignidad. Les desagrada que les tiren de las orejas, particularmente cuando otros zambúes, incluyendo algunas hembras, forman un corro y miran expectantes.


El terrícola cayó de espaldas y durante un rato estuvo en esta posición. Mientras tanto el zambú se alejó unos cuantos pasos y caballerosamente permitió que Johnson se pusiera en pie.


La vieja sangre de los vikingos alcanzó un grado más alto de efervescencia en Olaf. Se restregó la parte dolorida y saltó, olvidándose de las leyes de gravitación ganimedinas. Se desplazó por el aire a un metro de altura sobre la espalda del zambú.


Asomó el miedo en los ojos del animal al observar a Olaf. El salto había sido imponente, pero al mismo tiempo también se notaba en sus órganos visuales cierta confusión. Parecía que aquella maniobra carecía de propósito.


Olaf volvió a caer de espaldas sobre los cilindros al igual que la vez anterior. Empezaba a sentirse desconcertado. Los sonidos que emitían los espectadores denotaban palpablemente su condición de risitas burlonas.


-Risitas, ¿eh? -masculló amargado-; todavía no ha empezado la lucha.


Se acercó al animal lenta y cautelosamente. Dio un rodeo, examinando el punto más conveniente para lanzar el ataque. El zambú hizo lo mismo. Olaf simuló un falso ataque. Su oponente se agachó. A continuación, este último se volvió de espaldas y Olaf se agachó a su vez.


El seco y agresivo ronquido que salía de la garganta del zambú no parecía estar en consonancia con el espíritu fraternal que generalmente reina durante la época navideña y esta actitud irreverente le recordaba a Olaf algo así como un sacrilegio.


De pronto se oyó un silbido. Ola! sintió un repentino calor en la cabeza detrás de las oreja izquierda. Esta vez dio una vuelta en el aire y cayó de nuca. Los asistentes al espectáculo prorrumpieron en un clamor que parecía un relincho de satisfacción y el zambú movió la cola triunfalmente.


Olaf se sobrepuso a la impresión de estar flotando en un espacio infinito tachonado de estrellas y se incorporó vacilante.


-¡Protesto! -exclamó-. El ataque con la cola es juego sucio.


Saltó hacia atrás esquivando otro coletazo y acto seguido se lanzó hacia la parte inferior del animal y, atrapándole las patas, con fuerza, le obligó a dar con el espinazo en el suelo. El zambú lanzó un gañido de indignación.


Ahora la lucha había entrado en una fase en la que los músculos terrícolas y ganimedianos jugaban un papel decisivo. Olaf se manifestó como un hombre de fuerza bruta. Luchó con denuedo y por último se lo cargó a la espalda y el animal se sintió zarandeado e impotente.


Respondió vociferante y trató de demostrar sus objeciones con un coletazo bien administrado. Pero estaba situado con desventaja y la cola pasó silbando inofensiva sobre la cabeza de Olaf.


Los otros zambúes dejaron paso libre al vencedor con triste expresión en sus semblantes. Evidentemente eran muy buenos amigos del animal capturado y les era desagradable en extremo que hubiera perdido el combate. Volvieron a su quehacer gastronómico con resignación filosófica, completamente convencidos que todo era obra del destino.


Al otro lado de la prominencia rocosa, Ola! Había habilitado una cueva. Se desarrolló una breve y confusa lucha antes que Olaf lograra hacer entrar en razón al zambú. Una cuerda anudada concienzudamente fue el auxiliar más eficaz para mantenerlo quieto.


Pocas horas después cuando ya tenía en su poder los ocho zambúes, poseía una técnica depurada que sólo se adquiere tras larga experiencia. Podía haber dado a los cow-boys valiosos consejos sobre la forma de derribar cuadrúpedos recalcitrantes. También podía haber dado unas cuantas lecciones a los estibadores terrícolas, sobre tacos y juramentos simples y compuestos.


Era el día de Nochebuena y en la Base ganimedina reinaba un ruido ensordecedor y un confuso acaloramiento, como si se hubiera puesto en marcha un nuevo ingenio para registrar toda clase de sonidos. Alrededor del viejo trineo situado sobre una enorme plataforma de madera purpúrea, cinco terrícolas libraban una verdadera batalla con un zambú.


El zambú posee opiniones concretas en relación con muchas cosas y uno de sus más tenaces principios es que no va adonde no quiere ir. Esto lo demostraba palpablemente sacudiendo la cabeza, la cola, las cuatro patas, las tres espinas, en todas las direcciones y con todas sus fuerzas.


Pero los terrícolas insistieron y no con gran delicadeza. A pesar de sus angustiosos alaridos el animal, fue elevado hasta la plataforma, colocado en el lugar correspondiente y enjaezado sin remedio ni esperanza.


-Muy bien -gritó Peter Benson-. Traigan la botella.


Sujetando el hocico con una mano, Benson agitó la botella con la otra. El zambú temblaba de ansiedad y emitió temblorosos gañidos. Benson introdujo el líquido en la garganta del animal. Se oyó un gorgoteo y después un gruñido comprensivo. El animal estiró el cuello en demanda de otro trago.


-Nuestro mejor coñac -suspiró Benson.


Hubiera terminado la botella, pero la dejó cuando estaba por la mitad. Los ojos del zambú giraron rápidamente en sus cuencas; parecía como si intentara bromear. Sin embargo, esta actitud no duró mucho tiempo, pues el metabolismo ganimedino queda afectado por el alcohol casi de inmediato. Los músculos se le contrajeron con la rigidez propia de la borrachera e hipando sonoramente se desplomó.


-Traer al siguiente -exclamó Benson.


Al cabo de una hora los ocho zambúes no eran más que estatuas catalépticas. Les ligaron a sus cabezas palas en horquilla a guisa de astas.. Producían un efecto tosco e inexacto, pero apto para el fin deseado.


En el preciso momento en que Benson abría la boca para preguntar dónde estaba Olaf Johnson, el benemérito personaje apareció entre los brazos de tres camaradas y fue conducido a la plataforma tan envarado como cualquier zambú después de la lucha. No obstante, articuló sus objeciones con la mayor claridad.


-Yo no voy a ninguna parte con este atuendo. ¿Me oye…?


En realidad había motivos para quejarse. Olaf nunca había sido atractivo, ni en sus mejores momentos, pero su condición actual era una mescolanza entre una pesadilla de zambúes y una concepción patriarcal de Picasso.


Llevaba los atavíos tradicionales de Santa Claus. Estos eran encarnados, tanto como podía permitir el papel de seda cosido a su capa espacial. El “armiño” era tan blanco como el algodón en rama; precisamente esto es lo que era. Su barba ondeaba libremente, hecha de más algodón en rama, enganchada a un lienzo que le llegaba de oreja a oreja.


Con tales aditamentos debajo y la nariz de oxígeno encima hasta la persona de ánimo más templado hubiera rehuido su mirada.


A Olaf no le habían mostrado un espejo para mirarse, pero lo que podía ver de él mismo y lo que su instinto le decía, le postraba en tal estado que la caída de un rayo .fulminante la hubiera saludado con alivio.


Entre gritos y espasmos fue izado al trineo. Intervinieron otros, ayudando vigorosamente hasta que de Olaf, no quedó más que una masa retorcida de la que salían voces ahogadas.


-Dejadme -mascullaba-, dejadme -y atacaba uno a uno.


Hizo un pequeño amago para demostrar su osadía, pero cayeron sobre él numerosas manos que lo atenazaron, impidiéndole mover un dedo.


-¡Entre! -ordenó Benson.


-¡Váyase al infierno! -rugió Ola! entrecortadamente No quiero entrar en un artefacto patentado para un suicidio inmediato. Se puede llevar a su sanguinario trineo volante y…


-¡Oiga! -interrumpió Benson-. El comandante Pelham le está esperando al otro lado. Lo despellejará vivo si no está allí dentro de media hora.


-El comandante Pelham puede entrar en el trineo a mi lado y…


-Piense en su empleo. Piense en sus ciento cincuenta dólares semanales. Piense en Hilda allá en la Tierra que no se casará con usted si pierde el empleo.. Piense en todo eso.


Johnson pensó en aquello confusamente; pensó alguna cosa más y penetró en el trineo. Aseguró el saco con correas y puso en marcha el gravo-repulsor. Abrió el propulsor a chorro lanzando una horrible maldición.


El trineo arrancó impetuoso y Olaf no salió despedido hacia atrás por encima del artilugio, por verdadero milagro.


Se aferró a los pasadores y observó cómo las colinas circundantes subían y bajaban según los picados y rizos del inseguro trineo.


Sopló el viento y las ondulaciones se hicieron más sensibles. Cuando Júpiter apareció, su luz amarillenta iluminó todos los picos y abismos del accidentado terreno hacia cada uno de los cuales parecía dirigirse el trineo. y cuando el gigantesco planeta se había alejado por completo de la línea del horizonte, la maldición de la bebida, que sale de los organismos ganimedinos, con la misma rapidez que entra, comenzó a alejarse de los zambúes.


El zambú zaguero fue el primero en despertar; se relamió la cavidad bucal, dio un respingo y desvaneció el maléfico influjo del alcohol. Después de haber tomado esta decisión, examinó lánguidamente lo que tenía a su alrededor. No le causó una impresión inmediata, Gradualmente se fue dando cuenta del hecho incontrastable de que el suelo que pisaba, cualquIera que fuere, no era el terreno firme de Ganímedes, Se inclinaba, se movía, lo cual era muy extraño.


Aunque hubiera atribuido este balanceo a su reciente orgía, no por ello dejó de mirar por debajo del barandal al cual estaba amarrado. Los zambúes jamás han muerto de ataque cardíaco, según consta en los registros sanitarios, pero éste, cuando miró abajo de sus patas estuvo a punto de romper la tradición.


El angustioso chillido de horror y desesperación que lanzó, hizo recobrar el conocimiento a los demás, cuyas cabezas, aunque doloridas, habían recobrado la conciencia.


Durante un buen rato se desarrolló una torpe, cacareante y confusa conversación, ya que los animales trataban de echar fuera de la cabeza el dolor e introducir en ella los hechos. Lograron conseguir ambos propósitos y organizaron una estampida. No era propiamente una estampida, puesto que estaban estrechamente atados. Pero si exceptuamos el detalle de su situación forzada, hicieron todos los movimientos del galope tendido. Y el trineo se volvió loco.


Olaf se cogió la barba un segundo antes de dejarla ondear libremente.


-¡Eh! -gritó,


Era tanto como sisear aun huracán.


El trineo pataleaba, saltaba y bailaba un tango histérico. Era presa de repentinos arrebatos y parecía dispuesto a estrellar su cerebro de madera contra la corteza de Ganímedes. Entretanto Olaf, a la vez que renegaba, juraba y lloraba, accionaba los propulsores a chorro.


Ganímedes daba vueltas y Júpiter se mostraba como una mancha borrosa. Quizá la bailotearte panorámica de Júpiter fue lo que indujo a los zambúes a comportarse con más formalidad. Parecía que ya les había pasado el malestar de la borrachera. Sea como fuere, cesaron de moverse, se dirigieron los unos a los otros sublimes discursos de despedida, confesaron sus pecados y esperaron la muerte.


El trineo se estabilizó y Olaf recobró el aliento que volvió a perder de nuevo ante un curioso espectáculo: hacia arriba veía las colinas y el sólido terreno ganimedino y por debajo el obscuro cielo y la abultarla figura de Júpiter.


Al ver todo esto, él también hizo las paces con la eternidad y esperó el fin.


“Astruz” es un diminutivo de avestruz y a este animal se parecían los nativos de Ganímedes, si bien hay que considerar que tienen el cuello más corto la cabeza más grande y su plumaje parece que de un momento a otro vaya a desprenderse de raíz. Hay qué añadir a su retrato un par de brazos, flacos y huesudos, provistos de tres dedos rechonchos. Saben inglés, pero cuando uno los oye, preferiría que no lo hablaran.


Unos cincuenta astruces se habían agrupado en una construcción de poca altura hecha de madera purpúrea, que llamaban salón de reunión. En un sucio Banco de honor de esta estancia fétida y obscurecida por el humo de las antorchas, estaban sentados el comandante Pelham y cinco de sus hombres. Ante ellos se pavoneaba el astruz más desaliñado de todos inflando su enorme tórax con rítmicos y explosivos sonidos. Se detuvo un momento y señaló hacia una abertura en el techo.


-Mira -graznó-. Chimenea. Nosotros hacer, Entrar Sannicaus.


Pelham asintió con un gruñido. El astruz cloqueó placentero. Señaló los pequeños sacos de hierba tejida que colgaban de las paredes:


-Mirar, calcetines, medias, Sannicaus poner regalos.


-Sí -admitió Pelham sin entusiasmo- chimenea y calcetines. Muy bonito.


Torció la boca en dirección a Sim Pierce, que estaba sentado a su lado y murmuró entre dientes:


-Si estoy media hora más en esta escombrería, me moriré. ¿Cuando llegará ese tonto?


Pierce se movió incómodamente.


-Escuche, he realizado algunos cálculos. Estamos a salvo en todo menos en las hojas de karen, en las que aún llevamos cuatro toneladas de déficit. Si logramos resolver este estúpido asunto dentro de una hora, podremos empezar un nuevo período y hacer que los astruces trabajen el doble -se echó hacia atrás y continuó-. Sí, creo que lo podremos conseguir.


-Poco más o menos -replicó Pelham sombríamente-. Y eso si llega Johnson y no nos pone en otro aprieto.


El astruz hablaba de nuevo, pues a sus congéneres les agrada charlar:


-Todos los años Kissmess -no sabía pronunciar Christmas, Kissmess bonito, todo el mundo amigos.


Astruz querer Kissmess. Vosotros gustar Kissmess.


-Sí, es muy bonito -refunfuñó Pelham cortésmente-. Paz en Ganímedes y buena voluntad para los hombres, especialmente para aquéllos como Johnson. ¿Dónde diablos está ese idiota?


Cogió otro berrinche mientras el astruz saltaba unas cuantas veces de arriba a abajo de manera calculada, evidentemente para ejercitarse. Continuó saltando variando el ritmo con aburridos pasos de! baile. Los puños de Pelham se crispaban de una manera extraña. Unos excitados graznidos que provenían de un agujero en la pared, dignificado con el nombre de ventana, contuvieron a Pelham de hacer una matanza de nativos.


Los astruces se agruparon en enjambres y los terrícolas lucharon por hallar un punto dominante.


Al fondo de la gran bola amarillenta de Júpiter, rugió un trineo volante tirado por ocho renos. Era muy pequeñito, pero no cabía duda ; era Santa Claus que llegaba.


Al parecer algo funcionaba mal. El trineo, los renos y todo el conjunto, descendían a una velocidad terrible, pero volaban invertidos.


Los astruces se dispersaron en medio de una cacofonía de granizados.


-¡Sannicaus! ¡Sannicaus! ¡Sannicaus!


Salieron trepando por las ventanas como una fila de estropajos locos en movimiento.. Pelham y sus hombres alcanzaron el exterior por una puerta de poca altura.


El trineo se aproximaba, se hacía más grande, daba bandazos de un lado a otro y vibraba como una rueda des centrada en vuelo. Olaf Johnson era una pequeña figura que se asía perfectamente al trineo con ambas manos.


Pelham gritaba desaforadamente, incoherente y se atragantaba cada vez que se le olvidaba respirar a través de la careta nasal en la fina atmósfera ganimedina.


De pronto se detuvo y miró fijamente con horror. El trineo seguía descendiendo veloz y ya casi se veía de tamaño natural. Si hubiera sido una flecha disparada por Guillermo Tell, no hubiera apuntado, entre ceja y ceja de Pelham, con más precisión.


-Todo el mundo a tierra -chilló mientras se dejaba caer.


La ráfaga de viento que dejó el. trineo al pasar de largo restalló penetrante contra su rostro. La voz de Olaf se oyó durante un instante chillona y confusa. Los compresores de aire dejaron una estela de vapor. Pelham temblaba en el helado suelo de Ganímedes.


Poco después se levantó lentamente, sacudiendo las, rodillas como una hula hawaina. Los astruces que se habían dispersado, antes de que se les echara encima el vehículo aéreo, se agruparon de nuevo. A lo lejos el trineo giraba dando media vuelta. Pelham seguía los revoloteos y bandazos del artefacto desde que empezó a cambiar de dirección. Cabeceó e inclinándose a un lado, enfiló hacia la base y ganó velocidad.


En el interior del trineo Olaf trabajaba como un demonio. Con las piernas ampliamente abiertas balanceaba con desesperación el peso de su cuerpo. Sudaba y maldecía mientras intentaba con todas sus fuerzas evitar la panorámica de Júpiter “hacia abajo”, y esto producía en el trineo oscilaciones más y más violentas.


Los bamboleos alcanzaban ahora un ángulo de 180″, y Olaf sintió que su estómago le presentaba enérgicas reclamaciones.


Conteniendo el aliento apoyó todo el peso de su cuerpo sobre el pie derecho y el trineo se balanceó con más amplitud que nunca. En el punto más pronunciado de este vaivén desconectó el gravo-repulsor y la débil fuerza gravitatoria de Ganímedes Sacudió el trineo obligándole a descender. Como es natural, al ser el vehículo más pesado por el fondo, debido a la masa metálica del gravo-propulsor, adquirió la posición normal en tanto descendía.


Pero esto le causó muy poco alivio al comandante Pelham ya que, una vez más, el trineo apuntaba directamente hacia su persona.


–Cuerpo a tierra -vociferó, y de nuevo se lanzó al suelo.


El trineo silbó sobre su cabeza, crujió al tropezar contra una peña, hizo un salto dé cinco metros y se paró en seco con un chasquido. Olaf salió despedido por la baranda.


Había llegado Santa Claus.


Con un profundo y tembloroso suspiro, Olaf se ajustó el saco sobre la espalda, se recompuso la barba y acarició la cabeza a uno de los sufridos y silenciosos zambúes. Podía haber sobrevenido la muerte; en verdad, Olaf no la había afrontado con serenidad, pero ahora estaba dispuesto a morir, pisando tierra firme, con nobleza, como un Johnson.


Dentro de la cabaña en la que los astruces se habían aglomerado, una vez más, un golpe en el tejado anunció la llegada del saco de los regalos de Santa Claus y un segundo batacazo la llegada del santo. Una figura espantosa apareció a través del agujero provisional.


-¡Felices Navidades! -farfulló, dejándose caer por el orificio.


Olaf fue a parar encima de los cilindros de oxígeno, como de costumbre y después los colocó en el sitio habitual.


Los astruces saltaban de arriba a abajo como pelotas de goma.


Olaf se dirigió cojeando ostensiblemente al primer calcetín y depositó una pequeña esfera deslumbrante y policromada que extrajo del saco, una de las muchas bolas que originalmente habían sido proyectadas para adornar los árboles navideños. Una a una las fue dejando en todos los saquitos disponibles.


Después de haber realizado su tarea, se sentó en cuclillas completamente agotado y siguió las sucesivas escenas con ojos vidriosos e inseguros. La jovialidad y las carcajadas de buen humor, tradición característica de la festividad de Santa Claus, estuvieron completamente ausentes en esta ocasión.


Pero la ausencia de alegría la compensaron los astruces con su extraño embelesamiento. Hasta que Olaf, entregó la última bola guardaron silencio y permanecieron sentados. Pero cuando se acabó el reparto, el aire se enrareció bajo la tensión de estridencias discordantes. En menos de un segundo la mano de cada astruz contenía una bola.


Charlaban entre ellos violentamente y asían las bolas con cuidado, protegiéndolas con el pecho. Después las comparaban unas con otras y formaban grupos para contemplar las más llamativas.


El astruz más desaseado se acercó a Pelharn y lo cogió por las solapas.


-Sannícaus, bueno -cacareó-. Mira, dejar huevos. Observó reverentemente su esfera y agregó:


-Ser más bonitos que huevos astruces. Ser huevos Sannícaus, ¿eh?


Con su dedo pellejudo pinchó el estómago de Pelham.


-¡No! -aulló Pelham impetuosamente-. ¡Infiernos, no…!


Pero el astruz no le escuchaba. Ocultó la bola en las profundidades de su plumaje y continuó:


-Colores bonitos. ¿Cuánto tiempo tardar salir pequeños Sannícaus? ¿Qué comer pequeños Sannícaus?..


Nosotros enseñar ser vivos inteligentes, como astruces.


Pierce agarró el brazo del comandante Pelham.


-No discuta con ellos -susurró frenético-. ¿Qué importa si ellos creen que esas bolas son huevos de Santa Claus? ¡Mire! Si trabajamos como locos, podremos alcanzar la cuota. Que empiecen a trabajar.


-Lleva razón -admitió Pelham.


Se dirigió al astruz:


-Dígales a todos que se preparen.


Hablaba con claridad y en voz alta.


-Ahora a trabajar, ¿me comprenden? ¡Venga!, de prisa, de prisa…


Hacía ademanes con los brazos. El desastrado astruz se detuvo de repente y dijo con calma:


-Nosotros trabajar, pero Johnson decir Kissmess y venir todos los años.


-¿No tenéis bastante con un Christmas? -masculló Pelham.


-¡No! -graznó el astruz-, nosotros querer Sannicaus año próximo. Traer más huevos. Más otro año. Y otro, y otro, más huevos. Más pequeños Sannicaus. Si Sannicaus no venir, nosotros no trabajar.


-Hay mucho tiempo por delante. Ya hablaremos entonces. O nos volveremos todos locos o los astruces habrán olvidado la fiesta.


Pierce abrió la boca, la cerró, la volvió a abrir, la cerró de nuevo, la abrió otra vez y finalmente consiguió hablar

-Comandante, quieren que venga todos los años.


-Yo lo sé, pero el año próximo no se acordarán.


-Pero, no comprende… Un año para ellos es una revolución completa alrededor de Júpiter. Esto significa una semana y tres horas del tiempo terrestre. ¡Quieren que Santa Claus venga todas las semanas!


-¡Todas las semanas! -rugió Pelham-. Johnson les dijo…


Durante unos instantes le pareció que todo eran chispas dando saltos mortales. Se quedó sin respiración y automáticamente sus ojos buscaron a Olaf.


Olaf se quedó frío hasta el tuétano. Se levantó sobrecogido y se deslizó hacia la puerta. Se detuvo cuando estaba en el umbral; de repente recordó la tradición.


Con la barba semidesprendida graznó:


-¡Felices Navidades y buenas noches a todos!


Corrió hacia el trineo como si todos los diablos le pisaran los talones. No eran los diablos, era el comandante Scott Pelham.




jueves, 16 de diciembre de 2010

Nueva forma de vida

Hace unos días, la NASA publicó un informe por el cual descubrió una nueva forma de vida, basada en arsénico. Estoy seguro que ya todos lo leyeron por algún lado, pero acá les dejo un link:

http://www.visionovni.com.ar/modules/news/article.php?storyid=476

Estuve pensando en estos días como podría ser un ser extraterrestre de arsénico. Y la verdad, no se me ocurrió nada. Ni siquiera sé ninguna propiedad del arsénico. Pero no se preocupen, el año que viene seguro Hollywood nos deleitará con alguna película de estos seres.

Sin embargo, entrando en foros, hubo una discusión, dado que ahora sabemos que puede haber vida con componentes distintos a los conocidos, la pregunta es si se puede lograr una forma de vida a partir del Silicio. O sea, si un robot pueda llegar a tener vida.

¿Será posible? ¿Que opinan?

Mi opinión es un rotundo NO. Un robot jamás podrá tener vida. Podremos simularlo, hasta el punto de llegar a parecer reales como el de la película Inteligencia Artificial, de Spielberg (si no la vieron, no pierdan tiempo, es pésima). No creo que haya dificultad en eso. Podemos lograr ciertos algoritmos neurales que contengan una capacidad de aprendizaje suficiente para lograr engañarnos y darnos la ilusión de la vida. ¿Pero es eso vida real?

No creo que sea necesario llegar a tanto para decir: "este robot está vivo". No le pedimos a una ameba que toque la novena sinfonía de Beethoven. La vemos moverse un poco y concluimos que está viva. Sin embargo, a un Robot le vamos a pedir que aprenda, que sea inteligente, que cree, que se exprese correctamente, etc. Ni yo puedo hacer eso. Y creo estar vivo.

Entonces, ¿Donde está el límite para decir "esta ameba está viva" y "este robot no está vivo"?. Ni idea.

Pero es, según creo, únicamente una cuestión política.

Así como lo leyeron.


Si un día algún gobierno de turno del mundo (o algún científico con ganas de publicidad) decreta que las máquinas están vivas, y por lo tanto debemos darles derechos, y luego alguna gente se lo cree, esa gente le traspasa su creencia a otros, hasta formar algún cierto tipo de "comunidad" de respeto a los Robots... y si suman la cantidad de gente suficientemente loca para creerlo...¿porqué no? ¿quien les va a decir que no? ¿la lógica? Se decreta y listo. Las excusas las buscarán después. Protestaremos un poco al principio, luego nos acostumbraremos, y terminaremos creyéndonos que los Robots, efectivamente, tienen vida. Ya hablaremos de esto en el post que le dedicaré al libro 1984.


Veamos posibles puntos en contra porqué los robots no pueden tener vida y como los refutarían:


- No mueren: Mentira. Un robot puede morir. Quemale el chip y listo. ¿No viste Terminator I?.
- No se reproducen: Aja...¿y como nació entonces?
- No nacen: Se fabrican, que es igual a nacer. Y encima los hacen otros robots.
- No pueden crear: Ya quedamos de acuerdo en que ninguno de nosotros podría tampoco crear un tema musical decente y no por eso no tenemos vida.
- No envejecen: Se desgastan, que es lo mismo que envejecer, con la ventaja que pueden cambiar sus partes.
¿Alguien tiene algún punto más a favor de la vida de los robots o en contra? ¿podría un robot tener vida?
¿ESTAMOS VIVOS NOSOTROS? porque si vamos al caso, nosotros seguimos un cierto patrón de lógica, que repetimos en nuestra vida, somos programados también, si vamos al caso... y conozco varios personajes que podrían ser declarados Robots y nadie se daría cuenta...

domingo, 28 de noviembre de 2010

Harry Potter y las reliquias de la muerte

Acabo de volver de ver Harry Potter y las Reliquias de la Muerte.

Ok. No es ciencia ficción. Está muy lejos de serlo. Es Ficción. Pura Ficción. Pero es algo que me apasiona bastante.

He leido los 7 libros de Harry Potter por lo menos dos veces cada uno. Y me he llevado algunas decepciones con sus películas, sobre todo con la tercera, el Prisionero de Azkabán, que no respetó nada el libro y cortó demasiadas partes escenciales, al límite de que si no leiste el libro no tiene gollete muchas cosas de la película.

Sin embargo, esta película es distinta. Esta película ha respetado el libro al 100%, y han sabido llevar su escencia a la pantalla grande. Mucho ayudó que sea en dos partes, porque los libros son muy largos, con mucho detalle, muchas reglas (para poder hacer un cierto conjuro tienen que estar dadas muchas condiciones, y no puede hacerlo cualquier mago, etc.).

Para los que no saben nada del universo de Harry Potter:

Los primeros libros apuntan a chicos de 12 años aproximadamente, y a medida que va creciendo Harry, y Voldemort se va haciendo más poderoso, empieza a hacerse más oscura, empieza a morir más gente, los malos se vuelven más locos, las reglas mágicas más complicadas, y llegás a la última parte donde ya la cantidad de muertos y la forma en que lo hacen es bastante sádica y casi, casi, estamos hablando de una película de terror.

Para darles una idea, la película arranca con una reunión de Voldemort con sus seguidores. Tiene secuestrada a una maestra del colegio. Luego de torturarla delante de todos, la mata y se la da de comer a su mascota, que es una serpiente (Nagini). Y así continuamos... (Voldemort ya había matado a sus propios padres y había enviado a asesinar a Dumbledore, el director de Hogwarts en la parte anterior).

Hay ciertas maneras en que una persona puede darse cuenta si la película que va a ver es buena o no:

 * La primera, es si ya vio películas anteriores de la saga, o relacionadas. Dicen que segundas partes no son buenas, pero yo no lo creo así. Terminator II fue mejor que Terminator I, por ejemplo. Star Wars Episodio III fue mejor que todas las otras 5 anteriores, etc.  Si viste la primer parte y te gustó, dale con ganas a la segunda entrega.

* Las críticas de cine: Si la crítica dice: "Excelente película, recomendable". Ya sabés que el crítico fue pagado, y encima es cine arte. Conclusión: No la veas.
Si dice: "Lo mismo de siempre, muchos efectos y nada de argumento": Pagá tranquilo la entrada. Nunca aciertan.

* Los actores: 
    - Si están Jennifer Lopez y Hugh Grant ya sabés que va a ser un bodrio.
    - Si está Jim Carrey te vas a reir a carcajadas o vas a ver un actorazo si es una película de suspenso o en cualquier otra rama que actúe (recomiendo El Majestic y The Truman Show).
     - Si está George Clooney la película es mala, haga lo que haga va a ser un fracaso.
     - Tom Hanks tiene épocas malas y buenas, como Di Caprio (pero siempre veo todo lo que hagan, por las dudas), etc.

* Los comentarios de tus conocidos: Fundamental. Tus conocidos te dicen la posta. Si es excelente te la recomendarán, si es mala te dirán que no vayas ni loco. Si es normal, no te dirán nada. Es muy importante si conocés a alguien que la haya visto, por sus comentarios.

* La gente en el cine: Cuando terminamos de ver la película, yo quedé asombrado, habían sido dos horas de pura adrenalina. Y mi mujer sintió lo mismo. Habíamos presenciado una película que marcará época. A la salida del cine había varios grupos de personas, y todos comentaban asombrados (y extasiados), lo increíble que había sido. Eso da una pauta importantísima.

Recomendación

Si no te gustaron las anteriores Harry Potter. Dale tranquilo. Esta te va a encantar. Explican un poco para los que no saben nada de esta saga. Pero leer el libro da un placer infinito.

Si ya leiste el libro, no te debo decir nada. Seguro que ya viste la película y pensás igual que yo.... ES LA MEJOR DE LA SAGA!!.

Puntuación

Sin lugar a dudas...la puntuación más alta:  PRINCESA LEIA!! Es la mejor película del 2010. Mucho mejor que Avatar!! No decepciona, sino que fanatiza mucho más. Mucho.



jueves, 25 de noviembre de 2010

La urgencia de estos tiempos

Hola!
¿Se pensaron que no iba a escribir más? Ando muy complicado de tiempo últimamente. Pero hoy leí en el diario "La Razón" una nota que escribió Gillespi que me encantó y me gustaría compartir con ustedes.

La Urgencia, por Gillespi


Cuando viejas glorias vuelven a nosotros en una especie de eterno retorno -las últimas semanas nos trajeron a Paul Mc Cartney, Credence, el grupo Yes, Europe, etc - todo parece indicar que estamos ante la más profunda crisis creativa y de ideas en general. 

Las publicidades con música de los ochenta invaden la televisión, El hombre araña, Batman, Ironman y Hulk son los ancianos superhéroes, una y otra vez rescatados del pasado y reciclados en las más variadas formas. Hollywood, a falta de nuevos libros y talentos, reversiona una y otra vez sus películas taquilleras de los cincuenta y sesenta, eso si, con más modernas tecnologías. 

Nos encontramos en la era de la información, en donde la vedette es la velocidad. Internet ofrece la más enorme capacidad de almacenar datos imaginables y todo a nuestro alcance con un simple click. Parece que el medio o los medios han evolucionado a nivel sorprendente. No pasa lo mismo con las ideas originales o la creación en general. 

Es normal encontrar jóvenes especializados en diversos temas. Desde tecnología, historia del rock, series norteamericanas o biografías. Es decir, especialistas en acumular información. 

Aunque es cada vez mas difícil encontrar un concertista de violín o artista con ideas propias. 

La necesidad de la inmediatez le ha quitado profundidad a las cosas, de tal forma que las noticias hoy en día son lanzadas sin tener la más mínima confirmación. Los sitios periodísticos reproducen sin tomar el recaudo de chequear las fuentes. Wikipedia (un sitio íntegramente mantenido por los usuarios) resulta ser el material de consulta de periodistas y curiosos (con el peligro que implica tomar ese material como cierto). 

Pero como dijimos antes, aquí lo importante es la velocidad. Lo urgente, una vez más, es enemigo de lo bueno. En un mundo en donde es necesario recibir los mails al instante, responder los llamados desde donde sea. 

Donde los conductores contestan mensajes de texto mientras manejan sus automóviles. En un mundo donde todos están apurados, pero no saben exactamente hacia donde van y por que. En ese mundo es imposible crear. 

Históricamente, la creación estuvo de la mano de la vida plácida y tranquila. Los pensadores han necesitado tiempo y tranquilidad para desarrollar sus ideas y no menos tiempo para adiestrarse en las técnicas para mejorar su arte. Todo lo bueno lleva tiempo. 

Está claro que los grandes genios del jazz han dedicado sus vidas a estudiar música. En la historia de la música los ejemplos abundan. Pat Metheny, con mas de 40 discos editados, una veintena de Grammys ganados y considerado el mejor guitarrista de jazz del momento, estudia religiosamente seis horas por día con su guitarra desde que empezó hasta el día de hoy. Lo de él no es "urgente", como parece mostrarnos la vida moderna. 

La música de Duke Ellington tampoco era urgente. Las producciones de los Beatles, (con temas grabados hasta setenta veces en el estudio), tampoco eran urgentes, los ejemplos son infinitos. Eso ya no existe. Los músicos se compran un instrumento e inmediatamente quieren grabar un disco. Lo importante es que sea rápido. Con esta forma de ver las cosas, deberemos acostumbrarnos a que todo tienda a ser superficial y descartable. Es precisamente eso lo que refleja el momento actual. 

Amigos, como en las películas de ciencia ficción, ha llegado el momento de conservar todos aquellos buenos discos, ponerlos en un lugar seguro y esperar que generaciones futuras, quizás por cuestiones antropológicas, reparen en ellos.




Presten atención a lo que dice este tipo... más allá de que él habla básicamente de música, y de que los ídolos de los 80 todavía son ídolos y no aparecen nuevos...¿no da la sensación que todo es así?


Obvio, aparece mucha más tecnología, tenemos Twitter, Facebook, IPAD, iphone, autos con mp3, con gps, etc.
No podemos decir que no... pero me da la sensación que el común de la gente (y me incluyo), por la velocidad con la que estamos viviendo no estamos prestando mucha atención a lo que pasa alrededor, no nos detenemos a crear.
¿Tenemos una duda? Vamos a google, y de ahí a la Wiki directo. O peor, a Yahoo Respuestas.
¿Aparece alguna noticia de dudosa procedencia? La pongo en el blog. Así caí hace un tiempo con lo de Volver al Futuro, que por lo visto era mentira que la fecha del De Lorean marcaba inicialmente el 2010.


Todo rápido... Yo vivo en Twitter, o en Facebook, o en otros blogs. Me cuesta salir...me cuesta crear. Estoy hecho un recopilador de información. No tengo tiempo de pensar.


No tengo tiempo de escribir mi blog.


La velocidad actual nos está dominando... 


Supongo que uds, casi ni leyeron el post, lo leyeron por arriba y van directo a las conclusiones.


No se preocupen... nos pasa a todos... no tenemos tiempo. 


El futuro es hoy.

domingo, 19 de septiembre de 2010

El hecho de enredarse uno mismo

Hola!!

Si ustedes vieron El Origen (a pesar que no se las recomendé, o sea, no me hicieron caso!!), van a entender perfectamente este chiste:

  


¿No les pasa que a veces tienen una idea, y la empiezan a hacer cada día más complicada, y más complicada hasta que ni vos la entendés???

Bueno, esto le pasó a Di Caprio... y paradójicamente, me pasó a mí! hace 5 meses estoy desarrollando un sistema, medio complejo porque tenía mucho de investigación, y me faltaba un sólo punto para terminarlo.. UN PUNTO... y no podía hallarle la vuelta, era imposible, hace dos meses que estaba clavado con él...

Para el que entienda de programación acá va: Tenía que hacer un componente ActiveX embebido en un CAB en .NET para que se ejecute mi sistema. El problema es que .NET ya no da soporte a ActiveX con CABs por considerarla una tecnología vieja, dado que sólo funciona en Internet Explorer y eso ocasiona mil problemas (el primero es el explorer mismo).
Sin embargo, el cliente quería el CAB, lo quería y no podía hacer nada para evitarlo.. buscando, encontré mil artículos, todos con la receta de la abuela, pero ninguno me funcionó... y cuando lograba que funcione no tenía ciertos permisos para hacer que funcione mi sistema como debería funcionar...

Domingo a las 03:00 estaba yo en retiro con mi mujer esperando el micro dado que veníamos de festejar nuestro aniversario de casados (4 años), y yo pensé de nuevo en mi problema y me bajoneé... así que mi mujer me dice:
- "¿Que te ocurre? ¿como puedo ayudarte?"
- Nada, es este proyecto que no tiene solución...
- Contame
- No, no vas a entender... es muy complejo y muy específico...
- Dale, igual...
- Le conté eso mismo que les dije...
- Pero...¿porqué no haces un programita en visual basic viejo que tenga un botón que ejecute el programa tuyo nuevo?

Mi cara fue como la de Di Caprio... y sí... funcionó... de esta forma, armé el cab en visual basic viejo, y mi programa nuevo en .NET lo descargo de la web, y luego puedo ejecutarlo como una aplicación de escritorio...

En fin... mi mujer, una genia... ¿o soy muy complicado???

domingo, 5 de septiembre de 2010

el regreso de Byteman

Hace muchísimo que no escuchaba de este maravilloso personaje de la revista PC Users.

Ya ha desaparecido, pero buscando por internet encontré esta tira, para el que no lo conozca, que lo vea, y el que lo ha leido, que lo vuelva a disfrutar...

miércoles, 1 de septiembre de 2010

4 de Septiembre - Día de la historieta


Toda mi vida he leído historietas, me han fascinado desde chico, y este 4 de septiembre se celebra su día... ¿Porqué no hacer un post referido a ello?

Pueden ver más detalles en este link:
http://www.diadelahistorieta.com.ar/


A continuación, me gustaría darles un listado de las mejores historietas que he leido, es difícil saber cuál en particular es la mejor, muy difícil, por no decir una misión imposible, porque todas son excelentes.

MIS HISTORIETAS FAVORITAS DE SIEMPRE




- Patoruzú: Mi héroe de la infancia, como dice su publicidad: "¡Corajudo hasta la temeridad!, ¡Altruista hasta el sacrificio! ¡Valeroso hasta el heroísmo!... pero modesto hasta la santidad y cómico hasta la carcajada!".
Yo vi a Patoruzú patear un corner e ir el mismo a cabecearlo!! así de grande es!!


- Isidoro Cañones: El padrino de Patoruzú, el Rey de los Playboys. Su objetivo en la vida: Conseguir una rica heredera para casarse y obtener una fortuna para ir a jugarla al casino!!. ¿El sueño del pibe? Bailar en millones de dólares!. Isidoro era un antihéroe perfecto.



- El Eternauta: ¿Que decir sobre esta historieta considerada la mejor de argentina? Un ataque extraterrestre, viajes en el tiempo, odios cósmicos... todo lo que una buena historia debe tener. Si no la leiste nunca, no esperes más... El eternauta te fascinará... y te dejará helado de miedo. Lo mejor del más grande guionista argentino, H.G. Oesterheld.




- Inodoro Pereyra: Un gaucho bien vago y su perro mendieta contando los mejores chistes que he leido, ciertamente no podés leer a Inodoro Pereyra y no morirte de la risa. Mi mujer inicialmente se resistía a leerlo, decía que era tonto, hasta que un día agarró una historieta de él... y no lo entendió porque habla con palabras gauchescas y mucho juego de palabras... entonces insistió y lo volvió a leer... se rió un poco... volvió a leerlo... y lo entendió.. No les puedo explicar las carcajadas que escuché cuando ella iba al baño y se llevaba Inodoro... la casa temblaba con su risa...


- Mafalda: Tierna, Política, Argentina hasta la muerte, Mafalda tiene muchísimas historias que te dejan pensando, y tiene muchísimas cosas de la vida real que Quino ha sabido llevarlas a una historieta de una manera maravillosa. Yo me siento muy identificado con Felipe, su amiguito, que quería ser Ingeniero pero era demasiado vago para estudiar,  y le encantaba el ajedrez y leer historietas. Sin lugar a dudas, en mi infancia yo fui Felipe (y mi gato se llama, justamente, Felipe).


HISTORIETAS QUE SIN LLEGAR A SER MIS FAVORITAS, SON EXCELENTES

- Sherlock Time: Esta historieta no llega ser favorita por la única razón que son sólo 12 capítulos, si hubiera algunos más, pasaría a formar el primer puesto de mi lista. Un detective del espacio tiempo, maravillosa historieta del genio de Oesterheld.
- Mort Cinder: A esta historieta le pasa lo mismo que a Sherlock, son pocos capítulos, un muerto que regresa a la vida, y que ha estado en los acontecimientos más relevantes de la historia humana, pero siempre del lado de los desposeidos. La otra historia. Otra gran historia del más grande, Oestherheld.

- Clemente: ¿Quien no conoce a clemente? No voy a decir acá quien es, porque no tiene sentido. Si hasta casi gana las elecciones nacionales del 2003!!!.


Otras historietas interesantes que leo con agrado

- La Nelly (Diario Clarín)
- Diógenes y el Linyera (Diario Clarín)
- Capicúa
- Afanancio
- Condorito
- Don Nicola!!! (Mención especial)
- Lupín

Y tantas más...

Historietas que odio

No todas las historietas son buenas, es claro, hay grandes fiascos que no puedo entender como tienen seguidores.

- Yo, Matías (Diario Clarín)
- Macanudo (Liniers)

Son pocas, es cierto, pero creanme, es suficiente...

sábado, 28 de agosto de 2010

lunes, 23 de agosto de 2010

Contra la estupidez...

...los propios dioses... ¿luchan en vano?

Acabo de terminar de leer "Los Propios Dioses" (1972), de Isaac Asimov, y quería compartirlo con ustedes.

Esta novela me sorprendió bastante en su desarrollo, ya que son tres partes bien diferenciadas, y cuando tomé el libro, no sabía si eran tres cuentos o una sola novela. Casi arranco por la última, y por suerte no lo hice...

Primero, la frase: "Contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano" es una frase que dijo: Friedrich Schiller, un dramaturgo alemán, y que el buen doctor tomó como punto de partida de su libro.

La primera parte, "Contra la estupidez...", nos introduce en una idea increíble... supongan que ustedes de pronto están en su casa y tienen un cierto producto, y al cabo de un tiempo ven que cambia por otro, pero que ese producto es imposible de fabricar. Eso ocurrió en un laboratorio cuando el radioquímico Hallam se da cuenta que su botella con Tungsteno-186 cambió a Plutonio-186. Luego de una investigación, Hallam llega a la deducción que es un producto que ha venido de un universo paralelo enviado por otros seres para-humanos!.
Los mismos seres le dan las instrucciones a Hallam para que pueda fabricar una bomba de electrones que ayudaría a que la tierra no sufra más problemas de energía de ningún tipo. Una solución mágica, y gratis!. Porque cuando el Plutonio-186 se agota, se transforma en Tungsteno-186 y el ciclo vuelve a empezar.
Todos lo aceptan, la tierra se ve beneficiada, y nadie sospecha nada malo... excepto, obviamente, una persona, que fue bastardeada por el mismo Hallam.

Debo decir que cuando terminé de leer esta primer parte (y sobre todo su final), quedé muy impresionado y ansioso de continuar leyendo la segunda parte inmediatamente, no había tiempo para esperar más...

Segunda parte, "Los propios dioses": En este caso estamos viendo como viven los habitantes del universo paralelo, Asimov nos cuenta toda su civilización, sus interrelaciones, sus pensamientos, y todo con bastante rigor científico, porque está enlazado con la primer parte en un momento fundamental de la historia, y todo debe concordar.

Veamos un poco como son estos seres:
Básicamente están divididos en dos razas, los seres duros y los seres blandos. Los seres duros son inteligentes y viven en un estado de materia pura. No se sabe como se reproducen, ni si son inmortales o no.
Los seres blandos, viven en un estado gaseoso, y están divididos en tres sexos: El Racional-Izquierdo, el Medio-Emocional y el Paternal-Derecho. Deben formar los tres un trío (y supongo a varios les gustará la idea), para lograr reproducirse y tener a su vez su Racional, Emocional y Paternal. Esta parte cuenta como los racionales son educados por los seres duros, cómo los paternales cuidan a sus hijos y cómo piensan los emocionales y lo que hacen, además de donde habitan todos estos seres y sus interrelaciones.

Estos seres son los que realizan el cambio de Tungsteno-186 a Plutonio-186 (que en su universo es fácil de conseguir, según sus propias leyes), y llevan a cabo el plan para destruir a nuestro universo (del cual no sospechan, o no quieren sospechar, los humanos), debido a que la destrucción de nuestro universo salvará al universo de ellos (que está muriendo).

Me resultó un poco pesada esta parte, sobre todo la parte de las emociones de los paternales, pero al momento de llegar el final tampoco me decepcionó y me dieron muchas ganas de ver el final de esta historia.

Tercer parte, "¿Luchan en vano?"
Esta parte de la historia se ubica en la luna, debido a que los humanos la han conquistado y tienen una colonia espacial viviendo ahí. Asimov nos relata cómo sería la vida en la luna, y los cambios que sufrirán los humanos en ella, debido a la falta de gravedad.
Todo esto lo pueden ver en un artículo científico que publicó en el siguiente link: Nuestro segundo mundo

En él, comenta que la humanidad adoptará a la luna como su segundo mundo, y en base a ella, podrán realizarle los vuelos espaciales de una forma mucho más económica que desde la tierra. Además, los futuros colonos de la luna estarán más adaptados a estar lejos de la tierra, por lo que no tendrán esa necesidad de regresar como la tienen, lógicamente, los astronautas actuales. El primer paso para la conquista del espacio, es, justamente, la conquista de la luna, y en esta tercera parte podrán ver cómo se pueden adoptar los futuros "lunáticos" a esa idea.

Lo mejor, es que da una idea de cómo se formó el Big-Bang, increíble...

En resumen
Buen libro, atrapante - a mí me duró sólo 2 semanas... :( -, original, extraterrestres, universos paralelos, tramas políticas, y uno de los libros insignia de Asimov que por algún motivo que no entiendo, no lo había leido hasta hace muy poco.

domingo, 22 de agosto de 2010

Chau Fibertel

No me gusta poner comentarios políticos, pero últimamente lo que ha ocurrido con el tema de Fibertel parece algo de ciencia ficción...

Así que nada mejor que tomar esto con humor.










sábado, 21 de agosto de 2010

El Origen

Gente, siendo las 03:22 de la noche, acabo de volver de ver la Película "El Origen" de Leonardo Di Caprio.

La película trata sobre un tipo (ya ni me acuerdo el nombre, pero es Di Caprio, piensen que tengo bastante sueño), que tiene un método para entrar en los sueños de otros, y hacerle creer que es la realidad.

En la película van entrando en sueños de distintas personas (Di Caprio, la heroína, el tipo al que tienen que hacerle creer una cosa que no es cierta, etc.)...

¿Vieron que cuando sueñan, un minuto de la realidad son como 10 en el sueño?, bueno de eso se basan en la película, logran entrar en un sueño de sueños y de esa forma simular que en un segundo puede pasar mucho tiempo.

Lo que quieren hacer principalmente es meterle una idea a un empresario poderoso, para que a él le parezca que fue idea de él (porque no va a recordar el sueño), y de esa forma hacerle cambiar de parecer en algo.

El personaje principal (Di Caprio), en un momento, usó esta técnica para vivir con su esposa por más de 50 años.

Eso está bueno, digamos que sos un viejo al que le quedan un par de minutos de vida...¿porque no? Te metés en tus sueños, te creés que es tu realidad, y vivís ahí, y vas entrando en distintas etapas de tu sueño, y no te despiertes porque te morís.

Pero básicamente, más allá de eso... la película no me dejó nada... y a mi mujer mucho menos, tuve que acomodarla varias veces porque se apoyaba en mí mientras bostezaba viendo este bodrio infernal.

Supongo que a alguno le gustará, a mí me pareció demasiado obvia y mal actuada. En fin...

Me hubiera gustado volver a poner comentarios de películas de alguna película un poco mejor (pero hace rato que no había ido al cine a ver algo de ficción, así que no lo publicaba acá).

Esta película, en mi gusto personal, es un DARTH SIDIOUS.


Hablando de sueños, hubo una película que me acordé, argentina, que trataba de una máquina para grabar sueños, se llamaba "No te mueras sin decirme adonde vas", y la actuaba Darío Grandinetti. Esa película sí me gustó, y la vi varias veces, con el robot Carlitos, con Mariana Arias que estaba muy linda, etc.
Imaginen poder grabar sus sueños, ¿no estaría bueno saber en que soñaron a la noche?

Sí, sí, ya sé... no hace falta... siempre lo mismo, chicas desnudas, que hiciste saltar la banca, que sos el goleador del mundial...

viernes, 13 de agosto de 2010

Los cinco grandes de la Ciencia Ficción

La fantasía, que a veces es confundida con la ciencia-ficción, tiene una larga y refulgente historia ya que toda la ciencia-ficción es, en cierto modo, fantasía. Podemos trazar una gran fantasía literaria desde La Odisea de Hornero y, aún más allá, hasta las leyendas de los primeros capítulos de la Biblia, y todavía más allá hasta el cuento sumerio de Gilgamés, de aproximadamente 2800 años antes de Cristo.
La ciencia-ficción es la rama de la fantasía que basa las circunvoluciones de su argumento en los cambios del  nivel de la ciencia y la tecnología, y no pudo haber sido escrita de verdad sino hasta que el mundo se diera cuenta de que los avances científicos y tecnológicos estaban cambiando a la sociedad... es decir, no sino
hasta aproximadamente 1800, ya avanzada la Revolución Industrial.
Hay quienes piensan que la primera novela de verdadera ciencia-ficción fue Frankenstein, de Mary Shelley, publicada por primera vez en 1818 cuando la autora sólo tenía veintiún años de edad. Aunque se trata de una obra de juventud, el aspecto fundamental es que, para crear vida artificial, utiliza más la ciencia que la magia.
La siguió Edgar Alan Poe, quien ocasionalmente escribió ciencia-ficción pero que hoy en día es mejor recordado por sus cuentos de horror.
El verdadero fundador de la ciencia-ficción y el primero de mis cinco "Grandes" en este campo es, sin embargo, el francés Julio Verne. Fue el primero en dedicarse casi por completo a la ciencia-ficción, el primero en vivir bien gracias a su trabajo, y también el primero que llamó la atención del gran público hacia
este campo.
Verne era hijo de un abogado y se rebeló contra su padre al adoptar, deliberadamente, un estilo de vida diferente. Trató de escapar al mar, y los barcos siempre lo fascinaron. Intentó ser un escritor profesional y se
convirtió en un fracaso prolífico. Se convirtió en corredor de bolsa y no le gustó nada.
Finalmente en 1863, cuando tenía treinta y cinco años, al leer a Poe se inspiró para escribir un cuento de aventuras titulado "Cinco semanas en globo", que para su propia sorpresa tuvo un gran éxito. Esencialmente era una historia de viajes, pero inusitados. Verne inmediatamente se aprovechó de su éxito y escribió otras
novelas parecidas que llamó "Extraordinary Voyages", en las que llevaba a sus personajes al centro de la
Tierra, al fondo del mar en submarino, a la Luna, a los lejanos confines del Sistema Solar al subirse a un
cometa, y así. Su mayor éxito fue menos extraordinario que cualquiera de estos ejemplos, porque tan sólo trataba de la circunnavegación del globo terrestre: Around the world in eighty days.
Verne procuró dar un trato meticuloso a las bases científicas de sus escritos. Aunque a veces se equivocaba (como cuando pensó que era posible disparar un vehículo al espacio por medio de un cañón gigante sin matar instantáneamente a los tripulantes) impregnó sus libros con una atmósfera de realidad.
Con Verne, la ciencia-ficción se convirtió en una rama reconocida de la literatura. Su popularidad se extendió al mundo occidental de tal forma que mi padre lo leyó en ruso y, treinta años después y ocho mil kilómetros al occidente, yo lo leí en lengua inglesa. Lo leemos con la misma avidez y nuestros gustos por la ciencia-ficción tan sólo convergen en su trabajo.
Sin embargo, Verne siempre tuvo por lo menos un pie (a veces los dos) firmemente apoyado en la Tierra. No utilizó ninguna maravilla e hizo su mejor esfuerzo para aferrarse tanto como fuera posible a lo que ya se sabía.
La ciencia-ficción, si iba a avanzar, tendría que liberarse de estas cadenas; su imaginación tendría que remontarse a otras alturas. Así llegamos al segundo de nuestros cinco Grandes: el escritor inglés Herbert
George Wells.
Wells, como Verne, nació en una familia de la clase media, pero más bien tirando a baja. Wells era hijo de un tendero que se había casado con una sirvienta doméstica. Una vez más como Verne, los primeros años de Wells se presentan como una letanía de fracasos. Estaba resentido por su bajo nivel en el sistema social inglés de castas de la épica victoriana, por lo que apoyó firmemente al socialismo. Tuvo una escolaridad deficiente que él mismo superó por medio de un ambicioso programa autodidacto. No tenía una buena salud ni fue feliz en su matrimonio (sin embargo, llevó una turbulenta vida sexual).
Finalmente, inspirado en Verne, del mismo modo que éste había sido inspirado por Poe, Wells escribió un libro de un nuevo tipo en 1895, cuando tenía veintinueve años. Fue The Time Machine, Para sorpresa del propio Wells fue un gran éxito. En cierto modo parecía que estaba siguiendo los pasos de Verne, porque The
Time Machine era un cuento de viajes; pero había una diferencia. Se trataba de un viaje al futuro. No usaba
ninguna tecnología conocida ni contemporánea con mejoras mínimas. Se arrojaba a lo desconocido describiendo algo que era muy diferente a cualquier cosa existente. Wells había escrito la primera historia de viajes a través del tiempo (no se trataba del yanqui de Connecticut de Mark Twain, que se iba al pasado después de un golpe en la cabeza; el héroe de Wells se desplazaba a voluntad a través del tiempo con una
máquina... como si estuviera conduciendo una locomotora hacia uno u otro sentido sobre las vías).
Siguieron otros libros y cuentos. The island of Dr. Moreau, publicada en 1896, fue un cuento de cambio biológico. The Invisible Man (1897) es uno de sus cuentos más notables. Después, en 1898, presentó el libro
que ejerció más influencia, The War of the Worlds, que describía la primera historia de una invasión extraterrestre y de guerra interplanetaria.
Cuando escribió su historia de un viaje a la Luna (como todos los primeros escritores de ciencia-ficción)
no utilizó cohetes ni cañones, sino un escudo de gravedad.
El uso libre que hizo Wells de sus ideas logró rápidamente que fuera más popular que el ya anciano Verne, quien reaccionó con amargura. Verne indicó que sus cañones sí existían, en tanto que el escudo de gravedad de Wells no. Pero, por supuesto, precisamente ese fue el punto a favor de Wells. Después de 1900 recurrió
cada vez más a la ficción de la principal corriente de éxito, y su Outline of History, publicada en 1920, fue uno de los libros más vendidos. Aún ahora, casi un siglo después de The invisible man, constituye su obra de
ciencia-ficción por la que más se le conoce y recuerda. Es muy probable que haya sido el escritor de  ciencia ficción que más influencia haya ejercido.
Según fue avanzando el siglo veinte parecía que no surgiría nadie que pudiera reemplazar a Verne y Wells, pero en 1926 apareció en el escenario un nuevo fenómeno: una revista, Amazing Stories, dedicada nada más
a la ciencia-ficción. Hasta entonces, este género era de la jurisdicción de algún escritor ocasional, pero ahora
existía una salida que permitía que los principiantes probaran sus alas (aunque casi sin pago, sin duda).
Por supuesto que no hubo resultados inmediatos. Durante los primeros años de su existencia, Amazing Stories tenía que llenar casi todas sus páginas con reimpresiones de Poe, Verne, Wells, y algunos otros
menos brillantes. Entonces se presentó el tercero de los Grandes de la ciencia-ficción, Edward Elmer Smith.
Smith había escrito una novela llamada The Skylark of Space casi al mismo tiempo que obtenía su doctorado en química alimenticia (de tal forma que, cuando por fin aparecieron sus cuentos, siempre lo hacían bajo el nombre de "Dr. E. E. Smith"), pero no podían aparecer en ningún lugar porque sus escritos eran torpes, los argumentos demasiado exagerados y, para comenzar, no había mercado para esas cosas. Sin embargo, Amazing Stories fue hecha por cosas como esta, y el mercado encontró a su hombre cuando en 1928 apareció en sus páginas The Skylark of Space. En esa época Smith tenía treinta y ocho años. Los lectores estallaron de alegría. Y la ciencia-ficción de revista, al tener su primera "superestrella", dejó de ser un fenómeno pasajero. Había llegado para quedarse.
El argumento de Smith fue el primero que presentó los vuelos interestelares. Tenía "superciencia", "superarmas" y "superhéroes". Era una "historia del salvaje oeste" con naves espaciales y disparadores. Tenía
un argumento rápido con las armas, además de ensanchable, que estableció la tradición de la "ópera espacial"
(en analogía a la "ópera a caballo", como se conoce a los westerns).
Smith siguió escribiendo sus óperas del espacio, aumentando cada vez más el alcance y frenesí de la acción, y comenzó a ser imitado por otros hasta que todo el subgénero comenzó a hundirse y cuartearse bajo su propio peso. Sin embargo, Smith había establecido un aire de optimismo en la ciencia-ficción, un sentimiento de que los seres humanos podrían enfrentarse a la vastedad del universo sin miedo, para después llegar a dominarlo. Este sentimiento iba a caracterizar particularmente a la ciencia-ficción durante una generación.
En cierto sentido, Smith transportó la agitación de Wells hasta el último extremo, pero al precio de abandonar por completo la realidad, a lo que contribuyó su imperfecta prosa.
Así, el escenario estaba preparado para el cuarto de los Grandes de la ciencia-ficción, Stanley Grauman
Weinbaum, quien era diez años menor que Smith. Se trataba de un ingeniero químico que, como Verne, Wells y Smith, se había dedicado a escribir desde joven y que, al principio, no había tenido éxito alguno.
Después de 1930 Amazing Stories dejó de ser la única en el campo. Otras revistas ingresaron a lo que
Smith había hecho crecer, y en 1934 Weinbaum vendió "A Martian Odyssey" a Wonder Stories, la última de
las tres revistas que se publicaban. En esa época tenía treinta y cuatro años de edad.
"A Martian Odyssey" estaba a una escala menor que cualquier cosa que hubieran escrito Smith o sus imitadores; tan sólo se trataba de un reporte de la primera expedición humana a Marte. Sin embargo, en
comparación con la ópera del espacio, estaba escrita en una forma clara y realista, en la que no había nada
altisonante.
Aún más, Weinbaum trabajó para describir a Marte con sensatez. Hasta entonces, generalmente las criaturas extraterrestres habían sido villanos superinteligentes, o bestias supertemibles, siempre enormes amenazas a las que era necesario matar en grande. Weinbaum presentó a un cautivador marciano tan inteligente como cualquier ser humano, pero su inteligencia no era del mismo estilo. Esta criatura se robó el espectáculo. Weinbaum también describió otras formas de vida marciana, cada una de ellas fascinante y sensata a su propia manera.
En mi opinión, Weinbaum fue el mejor escritor de ciencia-ficción desde Wells, y los lectores respondieron encantados con su estilo. Rápidamente escribió otros cuentos que aceptó Astounding Stories, que ya era la revista líder en el campo, y durante año y medio generalmente se reconoció que era el escritor más popular
(y también el mejor) de este campo.
Pero tan sólo durante año y medio. Hacia el final de 1935 Weinbaum, que tenía treinta y seis años, murió
de cáncer. Nunca sabremos hasta dónde pudo haber hecho llegar este campo.
Pero entonces llegó el quinto Grande de la ciencia-ficción. En cierto modo significó más que todos los demás. Hasta entonces los Grandes habían llegado inopinadamente y trabajando solos, pero John Wood Campbell terminó con esto.
Diez años menor que Weinbaum, Campbell había estudiado física en el Instituto de Tecnología de Massachusetts y Duke. A diferencia de los otros Grandes, el escritor tuvo éxito desde el principio. "When the
atoms failed", su primer cuento publicado, apareció en 1930 en Amazing Stories cuando tan sólo tenía veinte
años de edad. En pocos años desde entonces se ganó rápidamente la reputación de escritor de óperas del espacio, que tan sólo era superado por Smith. En 1934, con la publicación de su cuento "Twilight" —bajo el pseudónimo de Don A. Stuart— comenzó a ganar una segunda reputación como escritor de cuentos más sutiles y emocionales.
Sin embargo, su verdadera carrera comenzó en 1938 cuando, a los veintiocho años de edad, llegó a ser director de Astounding Stories, cuyo nombre cambió rápidamente al de Astounding Science Fiction.
Como director de la revista líder en el mundo dentro del campo, adquirió mucha fuerza y comenzó a usarla, inexorablemente, para rehacer a la ciencia-ficción y dirigirla hacia donde él creía que debía ir. No nada más quería aventuras. No quería óperas del espacio (aunque siguió publicando a Smith).
Quería cuentos que trataran con las cuidadosas extrapolaciones de la ciencia y la ingeniería. Quería personajes que, si eran científicos e ingenieros, actuaran y pensaran como tales. Pugnó por lo que ahora recibe el nombre de "ciencia-ficción sólida", en la que el autor no hace lo que quiere con los principios científicos.
En pocas palabras, Verne estableció el campo, Wells añadió ideas, Smith agregó un optimismo desenfrenado, Weinbaum sumó la razón y Campbell añadió respetabilidad científica.
Campbell hizo todavía más. Con sufrimiento infinito cultivó a los nuevos autores que él suponía que prometían, les daba ideas, analizaba sus esfuerzos, los alentaba a volver a intentar, hasta que reunió a su
alrededor una sorprendente colección de excelentes escritores jóvenes que dominaron en el campo durante una generación. De hecho, tres de ellos han estado activos durante casi medio siglo, y todavía se les conoce
como "Los tres Grandes": Robert Heinlein (quien murió en 1988), Arthur C. Clarke y su seguro servidor.
El éxito de Campbell logró que la ciencia-ficción se extendiera en todas direcciones una vez que se terminó la Segunda Guerra Mundial. Se multiplicó el número de escritores y el de revistas. La ciencia-ficción
comenzó a aparecer encuadernada en tela y a la rústica, publicada por las editoriales importantes, y después
apareció en las listas de los libros más vendidos. La ciencia-ficción también comenzó a hacer apariciones impresionantes en cine y televisión. Y la mayor de todas las maravillas (para alguien como yo, que comenzó
hace medio siglo) fue: los escritores de ciencia-ficción comenzaron a ganar fortunas con sus escritos.
Desde Campbell el campo se ha agrandado demasiado para poder ser dominado por una sola persona. Ahora existen docenas de "grandes", pero ningún "Grande". Esta es la medida de lo que los cinco Grandes
han hecho para el campo.

Isaac Asimov